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Junto a la playa destaca el Hospital de Gorliz, antiguamente Sanatorio Marino fundado a principios del siglo XX, el 29 de junio de 1919 por los doctores Areilza y Larrinaga para el tratamiento de la patología tuberculosa infantil.
Colaboraron en el proyecto la Diputación Foral de Bizkaia, las Hermanas de la Caridad y la Junta de Damas, siendo el primer edificio del Estado construido con hormigón armado en la totalidad de su construcción, en un enclave que fue determinante para el tratamiento de la tuberculosis ósea infantil, gracias a la helioterapia (Gorliz es el municipio de Bizkaia de mayor tiempo de sol) y al yodo marino.

 La estatua del Dr. Areilza, impulsor del Sanatorio, en un principio se encontraba en frente del hospital pero tras las obras de 2008 fue trasladado a Astondo donde permanecerá. En cambio la obra de D. Laureano de Jado se encuentra frente a los jardines, se ve desde el paseo. Ambas son obras del escultor Moisés de Huerta.

La demanda infantil fue decreciendo y pasaron a ser los adultos quienes forman el primer grupo entre quienes precisan cuidados asistenciales.

El Hospital de Gorliz ha tenido una gran influencia en el desarrollo de Gorliz. Gracias a que el sanatorio se encontraba en el término municipal fueron posibles las firmas de Convenios entre la Diputación y el ayuntamiento que posibilitaron al pueblo proveerse de la 1ª red de abastecimiento de agua potable.

Nacido de la vocación altruista de un grupo de gentes comprometidas con la labor social, como revulsivo a una de las más virulentas pestes de la época: la tuberculosis, plaga que ya para 1911 afectaba cerca de 6000 personas en Bilbao, cuando la población total de ésta apenas llegaba a los 80000 y que se incrementaría a lo largo de la guerra y de la postguerra hasta que fueron patentados los antibióticos empleados en su posterior exterminio. El sanatorio tuvo en su enclave arquitectónico el principal aliado para luchar contra el mortífero enemigo: el sol, el yodo marino y un edificio espacioso, de galerías abiertas, amplios solariums, revestido de higiénicos azulejos azules y blancos, una alimentación sana y el esmerado cuidado de un grupo de abnegadas religiosas que pondrían pronto remedio al mal de 110 niños que ingresaron a lo largo del primer año y que para 1935 se duplica prácticamente.

Las señoras del patronato de damas por medio de la recaudación de donativos, gestionaban la dirección del sanatorio. La sociedad de la época veía con muy buenos ojos el interés femenino por la asistencia social y más si estaba vinculada a la infancia.

El Hospital de Gorliz es uno de los más importantes de toda Bizkaia.

Sociedad de un consolidado grupo humano de médicos, fisioterapeutas y ATS que ha sabido responder con eficacia y elevado sentido de la responsabilidad. Gorliz sabe que el bienestar físico y emocional, es el mejor aliado de una pronta recuperación. Se esmeran en que los pacientes tengan la mejor atención. La clave del éxito está en los recursos humanos y el confort sigue siendo la mejor terapia.

El Hospital es la empresa más grande que tenemos en Gorliz y es también un símbolo del pueblo. El centro ha brindado mucha aportación al desarrollo sostenido de la Anteiglesia desde su creación.
Escenario de numerosos avatares históricos, entre los que destaca el episodio afortunadamente anecdótico de su desalojo en junio de 1937, cuando tanto el personal sanitario como los niños afectados de tuberculosis que permanecían ingresados allí son trasladados a Francia, a bordo del "Goizeko Izarra", barco cedido por la familia Sota para poner a salvo a los pequeños pacientes de la amenaza que suponía el inicio de la Guerra Civil.
En el año 1970, el sanatorio se convirtió en el Instituto de Cirugía Ortopédica.

Su última etapa se inicia en 1985 cuando pasa a formar parte de la red de Osakidetza y empieza a desempeñar funciones de centro de rehabilitación.